CARTOGRAFÍA LINGÜÍSTICA DE EXTREMADURA

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ENCUESTA

Como ha sido puesto de manifiesto en distintas ocasiones, la entrevista no constituye la situación comunicativa ideal, ya que la formalidad del marco de la encuesta proporciona una imagen distorsionada de la realidad lingüística[1].  Para intentar aminorar –en la medida de lo posible–el autocontrol al que los informantes se someten y minimizar los riesgos de la paradoja del observador, es necesario poner en marcha distintos mecanismos[2]. En mi caso, el hecho de utilizar un cuestionario compuesto casi de forma exclusiva por léxico rural ha sido de especial ayuda: los informantes se veían sometidos a un examen que  –a medida que avanzaban las preguntas– se sabían conscientes de aprobar[3]. Entablar una conversación preliminar sobre cualquier aspecto que surja espontáneamente (fisonomía del pueblo, condiciones climatológicas, diferencias entre los tiempos antiguos y los modernos, etc.), utilizando rasgos fonéticos propios de la comarca y expresiones coloquiales, contribuye a aminorar la imagen fría que el encuestador –por el hecho de ser un completo desconocido– despierta en los lugareños. Son condiciones indispensables para llevar el interrogatorio a buen puerto que el informante confíe en el investigador y que se consiga un grado de naturalidad en el discurso.

La encuesta en mi trabajo ha seguido el patrón marcado por el cuestionario: primero se hacían las preguntas relativas a la agricultura y a las industrias con ella relacionadas; después, las relativas a la ganadería y a los animales domésticos; y, por último, las componentes de la parte fonética.

Por lo general, la encuesta ha tenido una duración de dos días por localidad[4]. Aunque el cuestionario bien puede rellenarse en una sola jornada, es preferible tener dos contactos con el informante por varias razones:

·       Para evitar un cansancio innecesario en los sujetos, que, evidentemente, no están acostumbrados a responder a un gran número de preguntas de una sola vez.

·       Porque llegando a cierta altura del cuestionario el informante comienza a responder con brevedad, sin dar ya demasiadas explicaciones.

·       Porque el segundo día se pueden matizar o corregir las informaciones dudosas de la jornada anterior[5].

En las localidades donde se han invertido dos días para rellenar el cuestionario, la encuesta se ha estructurado de la siguiente forma: el primer día se preguntaba sobre cuestiones relativas a la agricultura y las industrias relacionadas; el segundo se rellenaban las partes dedicadas a la ganadería y la fonética. No obstante, no han faltado localidades en las que –por motivo de las ocupaciones o compromisos del informante– se han tenido que invertir tres y hasta cuatro días (Torremocha, Puebla de Obando, Ahigal), así como otras en las que tan sólo he podido permanecer durante una jornada, con sesiones de mañana y tarde o en una sola sesión continua (Puebla de la Reina, Ceclavín, Mesas de Ibor).

Con todo, la labor del dialectólogo no termina con la realización de la encuesta; falta todavía recorrer el lugar para fotografiar las realidades etnográficas que más interesen, además de oír a la gente del pueblo en situaciones informales, y confirmar de esta forma los resultados obtenidos en el interrogatorio. Para esto último recurría a las tabernas, al mercado o al parque público.

La estancia del investigador en los puntos de encuesta se puede resumir del siguiente modo:

1. Primer acercamiento a la localidad y sus inmediaciones para conocer los tipos de cultivo y la explotación ganadera, y poder así, durante la encuesta, hacer mención de lo que se ha visto y de lo que se ha echado en falta.

2. Visita al ayuntamiento para explicar nuestras intenciones y pedir colaboración.

3. Entrevista con el informante.

4. Recorrido por la localidad para tomar fotografías e intercambiar impresiones con otros lugareños.

 Ámbito de encuesta

Lo ideal para desarrollar la encuesta con comodidad y tranquilidad es trabajar con el informante en un lugar lo más aislado posible, no sólo para evitar ruidos, sino también para impedir las interferencias de terceras personas que puedan coartar la espontaneidad del sujeto.

Los ámbitos en los que he llevado a cabo las encuestas han sido los siguientes:

1. Dependencias municipales (despacho de alcaldía, sala de reuniones del ayuntamiento, juzgado de paz, etc.). Son lugares ideales para recoger datos, a veces incluso más convenientes que el propio domicilio del informante, ya que se evitan las intromisiones de terceras personas y no se pone en duda la intención y buena voluntad del investigador. En cierto modo es como si la investigación contara con el apoyo institucional. Como contrapartida se puede argumentar que quizá se dota a la encuesta de un carácter demasiado serio y oficial, que puede influir en la posición que adopte el informante respecto al encuestador. En este caso, el explorador debe tener suficiente pericia como para hacer de la conversación una actividad distendida y natural. Ante todo, hay que hacer ver al informante que nuestro interés se centra en las labores típicas de su localidad, y que sus formas de expresión –tan devaluadas por nuestra sociedad– para nosotros tienen una riqueza capital[6].

2. Domicilio del informante. Desde el punto de vista de la espontaneidad, éste es el ámbito más idóneo. El informante está en su ambiente, rodeado de sus enseres habituales, en un mundo que conoce a la perfección. Sin embargo, todas estas ventajas se pueden tornar en inconvenientes si el sujeto no vive solo y sus familiares no participan de nuestro interés. La mujer del informante, que por regla general se mantiene al margen de la encuesta o participa activamente en ella, puede convertirse en un obstáculo que haga peligrar el desarrollo del interrogatorio[7]. Realizar la entrevista en el domicilio del sujeto cuenta con la ventaja añadida de tener al alcance de la mano muchos objetos por los que se pregunta, con lo que se facilita también la labor de fotografía.

3. Lugar de trabajo del informante. También han sido utilizados como ámbito de encuesta aquellos lugares en que los informantes ocupan la mayor parte de su tiempo, lugares en los que, si no se está sujeto a un horario, la conversación resulta muy provechosa. En Ahigal, por ejemplo, la encuesta se desarrolló íntegramente en el taller de albardería que posee uno de los informantes, lo que facilitó la recogida del caudal léxico referente a todo tipo de herramientas y utensilios de carácter popular. Lo mismo ocurrió en Guijo de Galisteo y Garrovillas, donde se desarrollaron en el cobertizo de una huerta y en un «tinao», respectivamente.

4. Dependencias aisladas en el lugar de reunión habitual de los lugareños. Únicamente he recurrido a estos ámbitos cuando no han podido ser sustituidos por otros más idóneos (Puebla de Obando, Campanario, Aliseda y Casar de Palomero)[8].

 Tipos de encuesta

En la realización de mi trabajo se distinguen los siguientes tipos de encuesta:

a) Encuestas piloto. Son las efectuadas con anterioridad al proyecto final. Durante los meses de agosto y septiembre de 1992 se ejecutaron nueve encuestas en otras tantas localidades de la zona central de la provincia de Cáceres con la intención de probar la validez del cuestionario y ajustar la formulación de las preguntas. Las poblaciones investigadas en aquella ocasión fueron Santa Cruz de la Sierra, Aldeacentenera, Santa Ana, Plasenzuela, Benquerencia, Madroñera, Escurial, Montánchez y Alcuéscar. El resultado de este trabajo se puso de manifiesto en la necesidad de ampliar el cuestionario, que en esos momentos contaba con tan sólo 350 preguntas de términos agrícolas y ganaderos, y en la conveniencia de incluir otro cuestionario para recoger diversos aspectos fonéticos.

b) Encuestas base. Con esta denominación hago referencia a toda encuesta principal desarrollada en cada uno de los puntos. En la mayor parte de las localidades –en atención al criterio seguido del informante único– esta encuesta ha sido la única realizada.

c) Encuestas secundarias. Son las efectuadas para enriquecer o completar las informaciones de un primer sujeto. En unas ocasiones estas encuestas tienen un carácter totalizador (son una repetición íntegra del cuestionario); en otras son simplemente una elaboración parcial de algún aspecto concreto o de una de las parcelas en las que se divide el cuestionario[9].

d) Encuestas múltiples[10]. Logrosán y Campanario son las dos localidades en las que llevé a cabo una encuesta con varios sujetos a la vez[11]. Aunque este sistema de encuesta múltiple tiene la ventaja de contar con el criterio de varias personas, presenta el inconveniente de que se tiene que prestar atención a discursos simultáneos, lo que a veces se convierte en un problema para transcribir.

e) Encuestas complementarias. El material cartografiado no es todo el conseguido mediante la encuesta. Por distintos motivos (imposibilidad gráfica, informaciones dudosas, etc.), no todos los puntos encuestados están presentes en la selección final ofrecida en los mapas. Las localidades de Pinofranqueado, Caminomorisco, Casas del Monte, Casar de Cáceres, Bohonal de Ibor y Magacela también han sido objeto de investigación.

 

[1] Véase, entre otros, William Labov, Modelos sociolingüísticos, Madrid, Cátedra, 1983, pág. 75; y Juan Carlos González Ferrero, La estratificación sociolingüística de una comunidad semiurbana: Toro (Zamora), Salamanca, Universidad, 1991, pág. 97).

[2] He encontrado mayor comprensión hacia el estudio y menor deseo de autocontrol en informantes de localidades que conservan aún muy diferenciadas sus características lingüísticas. En Eljas (Cc 101), Serradilla (Cc 401), Garrovillas (Cc 302), Cedillo (Cc 304) o Cheles (Ba 304), todos los sujetos mostraron –desde el principio– una predisposición ejemplar.

[3] La aplicación del cuestionario fonético no ha ocasionado –en líneas generales– grandes problemas; a esas alturas de la entrevista ya me había ganado la confianza del encuestado y, pese a que a veces no entendieran las razones por las que se preguntaban cuestiones tan absurdas, los informantes contestaban con agrado e interés.

[4] El período de encuestas se ha prolongado durante dos años. Comenzaron el 5 de septiembre de 1995 en Deleitosa (Cc 405) y finalizaron el 2 de julio de 1997 en Olivenza (Ba 301). Aunque los puntos no se han investigado en zig-zag, como se recomienda en algún manual de geografía lingüística, el calendario de entrevistas se fijaba alternando núcleos cacereños con pacenses, o –dentro de la misma provincia– núcleos de distintos cuadrantes geográficos; cada fin de semana se elegían, en Madrid, las dos localidades que se visitarían la semana siguiente.

[5] Veamos dos ejemplos significativos: en Casas de don Gómez (Cc 104) el sujeto el primer día respondió sierra grande a la pregunta del ‘tronzador’, y me dijo que entre el aparejo y el lomo de la caballería se colocaban unos trapos. Al día siguiente, tras informarse con sus vecinos, aseguró que al ‘tronzador’ le llaman sierro, y que entre el aparejo y el lomo se pone el suaero. En Cheles (Ba 304), el segundo día, el informante me proporcionó tres respuestas a otras tantas preguntas que el día anterior había dejado sin contestar: ‘vaina del garbanzo’, ‘aguijada’ y ‘caballón’.

[6] Aquí entra en juego el conocimiento que el explorador posea de la región estudiada y de su modalidad lingüística, ya que si puede usar ciertas expresiones identificadas como propias por los nativos, estos se sentirán menos tentados a camuflar su fonética y harán de su elocución un vehículo natural para transmitir la información requerida.

[7] Esos fueron los casos de Ceclavín (Cc 301) y Corte de Peleas (Ba 300), aunque la intervención de mujeres se produjo cuando ya estaban prácticamente finalizadas las encuestas, por lo que el perjuicio fue mínimo.

[8] La experiencia me ha hecho ver que el lugar en que se recogen los datos es un factor secundario en la investigación dialectal; lo importante es que el informante se encuentre cómodo en ese lugar y que al sujeto le guste hablar.

[9] Solo en contadas ocasiones he recurrido a un tercer informante.

[10] Manuel Alvar denomina a este tipo de encuesta reiterada (sujetos distintos con idéntico interrogatorio) y reserva el nombre de múltiple para la encuesta en la que participan distintos informantes en diferentes interrogatorios (Manuel Alvar, “El atlas lingüístico-etnográfico de Andalucía”, Arbor, 157, 1959, págs. 1-32).

[11] Cuatro informantes en Logrosán (Cc 603) y tres en Campanario (Ba 205).

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© José Antonio González Salgado, 2005 y siguientes

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